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SANT PAU DEL CAMP

Visita a Sant Pau del Camp: el emplazamiento  del edificio en Barcelona, breve historia, la fachada (interpretación iconográfica), el claustro (capiteles, sepulcros), sala capitular (lápida de Guifé II), iglesia (arquitectura románica, la marca del diluvio).

Emplazado en el barrio del Raval, Sant Pau del Camp es una joya románica del siglo XII. La iglesia y el claustro del antiguo convento benedictino fueron reconstruidos entonces tras las destrucciones de Almanzor (985) y los almorávides (1114-1115). Como en el interior se conserva la lápida sepulcral del comte Guifré II, hijo del comte Guifré, muerto en 911, se sabe que ya entonces existía.

    El edificio tiene un gran interés artístico. Es de planta de cruz giriega, con tres ábsides. Està cubierta por bóvedas de cañón y una cúpula centralcoronada por una torre que da solidez al conjunto. La decoración exterior de los muros es a base de los clásicos arcos lombardos que descansan sobre ménsulas con caras en la fachada y motivos vegetales y cordadas en el ábside.  
   
    La fachada cuenta con capiteles visigóticos y una intensa decoración escultórica con un bello Tetramorfos rodeando una mano divina. En el tímpano hay tres figuras: Jesucristo en majestad en el centro, junto a San Pablo y San Pedro inclinados ante el señor.


El interior es acogedor. Sus dimensiones son reducidas (de la puerta al interior del ábside unos 24 m). La construcción románica, a base de muros sólidos que sostienen bóvedas de cañón nos produce  una sensación de estar en una especie de cueva, seguros. Un remanso de paz lo constituye el claustro, la joya del conjunto. Las cuatro galerias presentan arcos tri y penta lobulados, lo que lo hace único.


La decoración de los capiteles, con representaciones de luchas del bien y del mal justifican esta una visita.

 

EL MUSEU PICASSO

1900 (colección Sabartés), 1900 POETA DECADENTE (colección Sabartés), 1901 RETRATO AZUL (donación Picasso 1968), 1939 CON GORGUERA Y SOMBRERO (colección Sabartés), 1946 COMO FAUNO TOCANDO EL AULOS (adquisición 2008)
Jaume Sabartés, amigo y secretario de Picasso desde 1935 negoció con el Ayuntamiento de Barcelona la inauguración de un museo que reuniera su colección de obras de Picasso. La colección Sabartés, junto con las obras picasianas existentes en los museos de la ciudad, se muestra al público en marzo de 1963.
Por aquel entonces el museo ocupa un único palacio de la calle Montcada. Desde entonces el museo no ha parado de crecer con las donaciones de Salvador Dalí y Gala (1963), la de Sebastià Junyer Vidal (1966), la del propio Picasso (1968), la de su familia (1970), la su viuda (1982), la de sus herederos (1983), así como escogidas adquisiciones que han ido mejorando el museo. Pero no sólo crece el contenido, el continente se amplia con el Palau del Baró de Castellet  (1970), el Palau Meca (1985), la casa Mauri y el Palau Finestres (1999) y el nuevo centro de Conocimiento e Investigación del museo (2011). Picasso quiso tener este museo en la ciudad donde vivió una alegre juventud.

Barcelona a Picasso i Sabartés, palau Berenguer Aguilar, el museo ahora
El museo presenta una excelente muestra de la producción picasiana especialmente interesante en lo que respecta a sus obras de su juventud. Su colección permanente es amplia:
Los retratos de la familia pintados en Málaga y Barcelona. Llegan al museo con la donación del artista de 1970. 

1896 LA TIA PEPA (hermana de su padre), MARIA PICASSO, JOSE RUIZ
1897 CIENCIA Y CARIDAD, pintado en el primer taller que Picasso tuvo en Barcelona, alquilado por su padre en la calle de la Plata 4. Con esta premiada obra Picasso culmina su educación académica.
La colección Pandiura. El comerciante de azúcar y café y político liberal Lluís Plandiura, en 1932, se arruinó y se vio obligado a vender las 1.869 obras de su colección a la Junta de Museos por siete millones. Entre ellas había 24 obras de Picasso, son las obras clásicas del museo las que se encuentran en el museo desde sus orígenes. Una buena muestra del Picasso que abandona el academicismo y se adentra en la experimentación.

1901 LA ESPERA (MARGOT) 1901 LA NANA 1903 DESAMPARADOS. 1904 EL LOCO. 1905 RETRATO DE BENEDETTA BIANCO. 
Un grupo de obras realizadas por Picasso en Barcelona en 1917, cuando pasa unos meses con los ballets rusos de la compañía de Sergei Diaghilev, con los que está su amante Olga Khokhlova que se alojaba en el Hotel Manzini, en el número 22 del paseo Colón. Son obras donadas por el artista en 1919 y 1970.

EL ARLEQUIN, primera obra de Picasso ingresada en los museos de arte de la ciudad. El modelo fue el primer bailarín de la compañía, Léonide Massine. BLANQUITA SUÁREZ, Tela cubista que representa a una cantante cómica que actuaba en Barcelona. PASEO DE COLÓN, combina el puntillismo y el cubismo sintético.
A la muerte de Sabartés, Picasso homenajea a su amigo y al museo que han ambos creado con una serie completa de cuadros inspirados en las Meninas de Velázquez, 45 versiones del cuadro y 9 coloridos palomares. Picasso dijo, según recogió Cirici i Pellicer, “en Madrid tienen las de Velázquez, en Barcelona tendrán las mías”.

En 1957 después de separar-se de Françoise, conocer a Jacqueline y producirse la muerte de Olga, Picasso se sumerge en la obra de Velázquez. Dijo Palau i Fabre de esta serie: “Muchas de Las Meninas de Picasso son Picasso sin el amor que es como decir que les falta un ingrediente especial. El pintor está, la imaginación está y aún así parece ausente de la obra, no encontramos aquella calor que acostumbra a comunicarnos”. Afirma que Picasso estaba en un laberinto.
Además de la colección permanente, periódicamente, el museo organiza exposiciones temporales que posibilitan avanzar en el conocimiento del pintor.

EL PARC DEL LABERINT D'HORTA, EL JARDÍN DEL AMOR

"Artis Naturaque Parit Concordia Pulchrum"
(el arte y la naturaleza engendran, en armonía, belleza)

"Ars Concors Foetum Naturae Matris Alumbrat"
(El arte harmonioso da luz el fruto de la madre naturaleza)

El parque del Laberinto de Horta fue un parque extraño y misterioso cuando lo creó don Antoni Desvalls, el marqués de Llupià i consorte de Alfarràs, a finales del siglo XVIII y aún lo sigue siendo. Es un jardín bello pero nada ostentoso, hecho más para el disfrute personal que para impresionar. Un jardín dedicado al amor, tal y como nos lo explica el conjunto escultórico de temática mitológica que ornamenta el jardín.

"El marqués, amante de les delicias del campo, preparó esta ayuda a la tierra sedienta. Año 1794."
Allí el aire siempre ha sido puro y esto era lo que buscaba la aristocracia para descansar. La agrícola y bien regada Horta, como otras poblaciones cercanas a al vieja ciudad, se llenó de residencias, el crecimiento de la ciudad las hizo desaparecer una tras otra, pero el parque del laberinto está milagrosamente bien conservado en una punta de la ciudad, alejado de la ciudad cosmopolita.

Accesos: metro linea 3, parada Mundet, sortida muntanya
Hay que andar en dirección al Velòdrom hasta la entrada a los jardines.

El palacio del marqués de Alfarràs y la torre subirana. La fuente heráldico o del pelícano. La puerta china. La plaza de los leones o de las ocho columnas, los raptos por pasión amorosa de Anfítrite y Europa, el recuerdo de Fernando VII y la reina Amalia (1828) y los cinco caminos. El arte topiaria. El lavadero inferior y el camino al Bosquet. El jardí de les molses (musgos) o el pequeño laberinto, el rey Midas y la fuente de la bestia. La columna de las horas y la pirámide conmemorativa de Alfonso XIII (1908). El laberinto y los mitos del amor, el minotauro, Minos y Pasifae, Ariadna y Teseo, Eros, Eco y Narciso. Los templetes del comercio y la agricultura, Dánae y Ariadna. Los relieves de Deucalion y Pirra y Iris. El canal romántico y la isla del amor. La escalinata y el recuerdo de la estancia real de Carlos IV y Maria Luisa de Borbón-Parma (1802), el pabellón neoclásico, la gran balsa o el gran safareig. La fuente de la ninfa Egeria o el sufrimiento del amor y las Fiestas del centenario del romanticismo (1930). El jardín romántico, la cascada, la cabaña del payés y el falso cementerio.




Es un jardín histórico, el más antiguo de la ciudad, fue concebido en tiempos de la Ilustración. El proyecto concebido por Antoni Desvalls, un noble interesado en matemáticas, ciencias físicas, historia, economía y bellas artes y que hablaba el francés y el italiano, fue desarrollado por el arquitecto italiano Domenico Bagutti o Bugatti (poco se sabe él), fue materializado por el maestro de obras Jaume Valls, al que sucedió su hijo Andreu mientras el jardinero francés Josep Delvalet se encargaba de las plantaciones. El trabajo inicial del ilustrado marqués, enmarcado dentro de los dictados del jardín neoclásico, lo continúan sus descendientes, interviene Elies Rogent y para los nuevos espacios se inspiran en el jardín romántico. La zona ajardinada es una mínima parte del parque, apenas 9 hectáreas de una finca de aproximadamente 50.
El hecho de estar ubicado en la pendiente de una montaña hace que los elementos del jardín sean descubiertos a cada paso. El jardín se resume al final. Pasear por un jardín rico en agua y vegetación, enmarcado por un frondoso bosque y surcado por un dificultoso laberinto de setos entre esculturas mitológicas relacionadas con el incontrolado amor, feliz y terrible, es una actividad inolvidable. Como nosotros, disfrutaron de las gentilezas del jardín tres monarcas.

El jardín se encuentra detrás del palacio familiar de los marqueses actualmente ocupado por servicios de parques y jardines. Destaca la antigua torre subirana de origen medieval. 

Al entrar a los jardines nos espera la fuente heráldica con la corona marquesal, un perro alado, señal de los Llupià, y un ave, dicen que cisne o pelícano. Una puerta china recuerda la existencia de unos desaparecidos jardines orientales.

Ya detrás del palacio en la llamada plaza de los leones o de las ocho columnas, nos encontramos con los primeros arrebatos amorosos. Los hermanos Zeus y Neptuno raptaron a Anfítrite y Europa para poseerlas. 

En un rincón del parque todo un intento de esculpir la naturaleza. Esta técnica artística es la topiaria.

Antes de entrar en el laberinto hay que dejarse caer por el llamado pequeño laberinto, donde hubo antiguamente un sugerente jardín de musgos. Junto a él se levanta una columna que en su día hacía las funciones de reloj de sol.
Y ya es el momento de entrar en el laberinto. Antes de entrar, un relieve nos recuerda el mito del laberinto de Creta y su monstruoso minotauro al que los atenienses debían cumplimentar periódico tributo hasta que Teseo, con ayuda del amor que por él sentía Ariadna, terminó con el pago. Entraremos con ánimo y sin la mágica ayuda que tuvo Teseo. En el centro del laberinto nos espera un monstruo mucho más terrible que el que fue derrotado por Teseo, nos espera Eros que con sus flechas nos enferma de amor. Justo al salir del laberinto, los mitos de Eco y Narciso nos acercan al sufrimiento del amor.
El final del parque nos sitúa en la parte alta de la montaña donde continúan los mitos relacionados con el amor y las actividades de la familia del marqués. En sendos templetes clásicos aparecen Danae, poseida por Zeus al transformarse en lluvia dorada, y Ariadna, que fue abandonada por Teseo tras vencer al minotauro y que esposó con Dionisos. 
Entre ellas dos relieves ilustran los mitos poco conocidos de Deucalión y Pirra, padres de la humanidad, e Iris, mensajera de los dioses.
Por una escalinata, atravesada por el sugestivo canal romántico, accedemos al punto más alto del parque desde donde se obtiene la mejor vista del parque. En el punto más elevado del jardín aparece el pabellón neoclásico, el refugio de su propietario y que constituye el espacio más recóndito de las posesiones del marqués, detrás del cual encontramos el gran lavadero, gran depósito de agua que abastece el jardín. 
Aquí termina el jardín neoclásico, la naturaleza domada por el hombre, la gran realización de Joan Antoni Desvalls. Paralelo a éste aparece el jardín romántico, construido por sus descendientes siguiendo una estética distinta. En este jardín, que aprovecha los antiguos huertos y viñas de la familia, la naturaleza se presenta en estado salvaje, crece desordenada y ornamentada con diversas construcciones como la gran cascada, la casa del payés, la cabaña del ermitaño o el falso cementerio. Si al principio de nuestros pasos nos encontrábamos en el jardín del amor, ahora nos situamos en el de la muerte.

LA BARCELONA DEL JOVEN PICASSO

  
Barcelona es una ciudad clave para conocer sobre uno de los más grandes pintores del siglo XX. La estancia de Picasso a Barcelona no fue muy larga pero sí muy fructífera. En setiembre de 1895 llega con su familia procedente de La Coruña  y diez años después, en 1904, marcha definitivamente a París. 


No fue una estancia a tiempo completo en la ciudad, en Barcelona vivió de forma intermitente: retornó diversas veces a su Málaga natal, al principio con la familia en los periodos de vacaciones y posteriormente con sus amigos, se estableció un breve periodo de tiempo en Madrid para ampliar sus estudios de pintura, se recuperó de una enfermedad en Horta d’Ebre (hoy Horta de Sant Joan) y llevó a cabo sus primeros viajes a París acompañado de otros jóvenes pintores.


A pesar de ello, Picasso tendrá una intensa relación con nuestra ciudad. En Barcelona el joven Picasso vivió, trabajó y también se divirtió, paseó y pintó la ciudad y ha acabado vinculado para siempre a ella desde que en 1963 se inauguró el museo que lleva su nombre en el carrer Montcada. Ya en su vejez también colaborará en la decoración de la sede de los arquitectos con una obra de gran personalidad.


Podemos pasear por la Barcelona del joven Picasso descubriendo el emplazamiento de los domicilios familiares, la escuela de arte donde proseguirá su aprendizaje artístico y conocerá a los que serán sus grandes amigos, los cinco talleres donde trabajó y vivió, las galerías de arte donde apreciará el arte que se realizaba en la ciudad y donde hará sus primeras exposiciones, los locales donde se reunía con la bohemia barcelonesa de su época y las obras que se exponen en el museo que nos ha legado. Para redondear la presencia picasiana también podemos apreciar el homenaje que la ciudad le tributa con un osado monumento levantado por Antoni Tàpies en el paseo que lleva su nombre.


ITINERARIO
Av. Portal de l’Àngel > Montsió >Magdalenes > Duran i Bas > Arcs > Boters > Portaferrisa > Petritxol > Cardenal Casañas > la Rambla > Nou de la Rambla > Pl. Reial > tres Llits > Escudellers Blancs > Aglà > Escudellers > Còdols > pl. Mercè > Ample > Avinyó > Plata > pl. Antonio López > Consolat de Mar > Canvis Vells > pl. Santa Maria > Sombrerers > Montcada > pl. Jaume Sabartés > Princesa > Comerç > Pg. Picasso

EL PARC GÜELL


Si Gaudí es hoy un arquitecto reconocido internacionalmente hemos de agradecérselo en buena parte, a su mecenas, Eusebio Güell, quien le permitió trabajar sin ningún tipo de limitaciones. La intensa relación entre Gaudí y Güell llega a su punto culminante entre 1900 y 1914 cuando se construye lo que Eusebio Güell pensaba iba a ser un buen negocio: una urbanización privada de unas 90 edificaciones en la ladera de la “muntanya pelada” de su propiedad, integradas en plena naturaleza en una época en la que la ciudad ofrecía graves dificultades a una vida de calidad a causa de las pésimas condiciones higiénicas que provocaban periódicas y terribles epidemias. Afortunadamente para nosotros, el negocio del conde no funcionó y sólo se construyeron dos viviendas. El jardín que debería ser privado, quedó sin inquilinos y, a la muerte de Güell, el Ayuntamiento adquiría los terrenos y en 1926 abría el Parc Güell como jardín público.


El trabajo de Gaudí y su equipo se concentró en los accesos y vías de comunicación en el interior del parque y espacios destinados a la comunidad de vecinos, dejándonos algunos de los rincones más emblemáticos de la ciudad donde se hace difícil establecer los límites entre naturaleza y el arte.


Una visita al conjunto nos permite descubrir los bellos rincones: el turó de les menes, el muro de cierre y los pabellones de entrada, la escalinata con el popular dragón o salamandra, el templo-mercado con sus columnas o los tres viaductos. Un paseo por el parque nos permite conocer la sensibilidad y el gusto de los hombres que lo hicieron posible.